Moby Dick. Version ilustrada

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—Bueno, supón que lo dije. ¿Y qué? Desde entonces he cambiado en parte mi carne, ¿por qué no mi mente? Además, suponiendo que estemos cargados de barriles de pólvora a popa y de luciferes a proa, ¿cómo demonios se iban a prender los luciferes con este caladero de rociadas que hay? Mira, pequeño, tú tienes un bonito pelo rojo, pero no podrías prenderte. Entérate, Flask; eres Acuarius, el aguador; se pueden llenar cazos en el cuello de tu chaqueta. ¿No ves ya que para estos riesgos extraordinarios las compañías de seguros marítimos tienen garantías extraordinarias? Aquí hay tomas de agua, Flask. Pero escucha otra vez, y te contestaré a lo otro. Antes, espera, quita tu pierna de la cruz del ancla, para que pueda pasar el cabo; ahora escucha. Qué enorme diferencia hay entre agarrar el pararrayos de un mástil durante la tormenta y estar junto a un mástil, que no tiene pararrayos de ningún tipo, en una tormenta? ¿No ves, cabeza de tarugo, que ningún daño le puede ocurrir al portador del pararrayos, a no ser que antes caiga el rayo sobre el mástil? ¿De qué estás hablando, entonces? Ni un barco de ciento lleva pararrayos, y Ajab… sí, y todos nosotros, hombre… en mi humilde opinión no estábamos entonces en mayor peligro que todas las tripulaciones de diez mil barcos que navegan ahora los mares. Bah, tú, King-Post, tú, supongo que harías que todos los hombres del mundo fueran con un pequeño pararrayos saliendo de una esquina de su sombrero, como la pluma ladeada de un oficial de la milicia, y arrastrando detrás como su fajín. ¿Por qué no eres razonable, Flask? Es fácil ser razonable: ¿por qué no lo eres, entonces? Cualquier hombre con la mitad de un ojo puede ser razonable.


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