Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —¡Ja, ja, mi barco!, bien podrÃan tomaros ahora por la carroza marina del sol. ¡Ho, ho!, vosotras, naciones todas ante mi proa, ¡yo os traigo el sol! Una yunta en las olas anteriores; ¡hola!, un tándem, ¡levanto el mar!
Mas refrenado de pronto por algún pensamiento adverso, se apresuró al timón, requiriendo rudamente cómo aproaba el barco.
—Este-Sudeste, señor —dijo el asustado piloto.
—¡MentÃs! —golpeándole con su puño cerrado—. ¿Se dirige al Este a estas horas de la mañana, y el sol a popa?
Ante lo cual todos los hombres quedaron confundidos; pues el fenómeno observado en ese momento por Ajab se les habÃa escapado inexplicablemente a todos los demás; su misma cegadora palpabilidad debÃa haber sido el motivo.
Introduciendo media cabeza dentro de la bitácora, Ajab echó una ojeada a los compases; su brazo levantado cayó lentamente; durante un instante casi pareció tambalearse. En pie tras él, Starbuck miraba, y ¡hete aquÃ!, los dos compases apuntaban al Este, y el Pequod, igual de infaliblemente, iba hacia el Oeste.
Mas antes de que la inicial descontrolada alarma pudiera extenderse entre la tripulación, el viejo exclamó con una rÃgida carcajada: