Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —¡Lo tengo! Ha ocurrido antes. Señor Starbuck, los truenos de la última noche dieron la vuelta a nuestros compases… Eso es todo. Vos habÃais oÃdo hablar antes de ahora de semejante cosa, asumo.
—SÃ, pero nunca antes me ha ocurrido a mÃ, señor —dijo el pálido oficial, desoladamente.
Aquà es necesario decir que accidentes como éste han sucedido a barcos en temporales muy fuertes en más de una ocasión. La energÃa magnética, tal cual implantada en la aguja del marinero, es esencialmente, como todos saben, la misma que la electricidad observada en el cielo; de ahà que no sea muy de sorprender que estas cosas ocurran. En ocasiones en las que el rayo ha golpeado materialmente al navÃo con tanta intensidad como para derribar parte de las perchas y de la jarcia, el efecto sobre las agujas ha sido a veces todavÃa más fatal; siendo toda su virtud de imán aniquilada, de manera que el acero, antes magnético, no resultaba de mayor utilidad que la aguja de coser de una vieja matrona. Mas en ambos casos la aguja nunca vuelve por sà misma a recuperar la virtud original asà dañada o perdida; y si los compases de la bitácora resultan afectados, el mismo destino alcanza a todos los demás que pueda haber en el barco; incluso aunque el más inferior esté insertado en la quilla.