Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Era exactamente asÃ; en su irreflexiva ansia, los marineros habÃan tomado alguna otra cosa por el chorrear de la ballena, como pronto demostró el propio suceso; pues apenas habÃa Ajab alcanzado su percha; apenas habÃa sido amarrado el cabo a la cabilla en cubierta, cuando dio el tono para una orquesta que hizo que el aire vibrara como con combinadas descargas de rifles. ¡La triunfante llamada de treinta pulmones de cuero se escuchó cuando —mucho más cerca del barco que el lugar del imaginario surtidor, menos de una milla adelante— Moby Dick fÃsicamente surgió a la vista! Pues no fue con calmados e indolentes chorros; no fue con el pacÃfico brote de ese mÃstico manantial de su cabeza, como la ballena blanca reveló ahora su vecindad; sino mediante el mucho más asombroso fenómeno del rompiente. Surgiendo de las mayores profundidades con la mayor velocidad, el cachalote lanza de esta manera su entera mole al puro elemento del aire, y apilando una montaña de deslumbrante espuma, muestra su posición a la distancia de siete o más millas. En esos momentos, las olas partidas, rabiosas, que se sacude parecen su melena; y en algunos casos este rompiente es su gesto de desafÃo.
—¡Ahà rompe! ¡Ahà rompe! —fue el grito, mientras, en su inconmensurable bravuconada, la ballena blanca se lanzaba hacia los cielos al modo del salmón.