Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Vista tan repentinamente en la planicie azul del mar, y resaltada contra el margen aún más azul del cielo, la rociada que levantó momentáneamente, refulgió y relumbró como un glaciar de manera intolerable; y allà quedó, apagándose y apagándose paulatinamente a partir de su primera centelleante viveza, hasta alcanzar la velada nebulosidad del aguacero que avanza por un valle.
—¡SÃ, romped por última vez al sol, Moby Dick! —gritó Ajab—, ¡vuestra hora y vuestro arpón están a mano!… ¡Abajo! Abajo todos, menos un hombre al trinquete. ¡Las lanchas!… ¡Preparados!
Despreciando las tediosas escaleras de cuerda de los obenques, los marineros se deslizaron como estrellas fugaces hasta cubierta por las aisladas burdas y drizas, mientras Ajab era descolgado desde su percha, menos raudo, aunque, aun asÃ, velozmente.
—¡Arriad! —gritó cuando alcanzó su lancha, una de reserva aparejada la tarde anterior—. Señor Starbuck, el barco es vuestro… manteneos aparte de las lanchas, pero manteneos cerca de ellas. ¡Arriad todos!