Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Al igual que antes, el atento barco, que había observado toda la pelea, vino de nuevo arribando al rescate, y arriando una lancha, recogió a los marineros que flotaban, las tinas, los remos, y cualquier otra cosa que pudiera ser recogida, y los depositó a salvo en sus cubiertas. Algunos hombros, muñecas y tobillos lesionados; contusiones amoratadas; arpones y lanzas retorcidos; irresolubles marañas de cuerda; remos y tablas rotas; pero ningún daño fatal, o incluso serio, pareció haberle ocurrido a nadie. Como a Fedallah el día anterior, a Ajab se le encontró desoladamente aferrado a la mitad partida de su lancha, que le permitía una flotación comparativamente sencilla; y que no le causó un agotamiento tan grande como la desgracia del día anterior.
Pero cuando se le subió a cubierta, todos los ojos quedaron fijos en él; ya que, en lugar de ponerse en pie por sí mismo, aún se medio colgaba del hombro de Starbuck, que hasta el momento había sido el primero en asistirle. Su pierna de marfil le había sido arrancada de un mordisco, dejando únicamente una corta y afilada esquirla.
—Sí, sí, Starbuck, es dulce recostarse a veces, sea quien fuere el que se recueste; y ojalá el viejo Ajab se hubiera recostado más a menudo de lo que lo ha hecho.