Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —El zuncho no ha resistido, señor —dijo el carpintero, acercándose ahora—. Me empleé a fondo en esa pierna.
—Aunque ningún hueso roto, espero, señor —dijo Stubb con auténtica preocupación.
—¡SÃ!, ¡y todo astillado en pedazos, Stubb!… ahà lo veis… Pero incluso con un hueso roto, el viejo Ajab está intacto; y no considero ningún hueso vivo mÃo ni una pizca más yo mismo, que este muerto que se ha perdido. Ni ballena blanca, ni hombre, ni demonio puede ni siquiera rozar al viejo Ajab en su propio inaccesible ser. ¿Puede algún plomo tocar aquel suelo, algún mástil rascar aquel techo?… ¡Eh, arriba!, ¿qué dirección?
—Firme a sotavento, señor.
—Caña a barlovento, entonces; ¡desplegad trapo otra vez, guardanaves! Abajo las lanchas de reserva y aparejadlas… Señor Starbuck, alejaos, y reunid a las tripulaciones de las lanchas.
—Permitidme antes llevaros a la amurada, señor.
—¡Oh, oh, oh! ¡Cómo me cornea esta astilla ahora! ¡Maldita fatalidad!, ¡que el capitán, inconquistable en el alma, tenga que tener un oficial tan pusilánime!
—¿Señor?