Moby Dick. Version ilustrada

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—En su estela infalible, no obstante; sólo hay que seguir esa estela, eso es todo. Ah del timón; firme, tal como vais, y como habéis ido yendo. ¡Qué día tan encantador otra vez! Fuera un mundo recién creado, y creado para albergue de verano de los ángeles, y esta mañana la primera en que para ellos se inaugurara, que no podría amanecer día más claro sobre ese mundo. Hay aquí en qué pensar, si Ajab para pensar tuviera tiempo; mas Ajab nunca piensa; sólo siente, siente, siente; ¡asaz lacerante es eso para los mortales! Pensar es audacia. Sólo Dios tiene ese derecho, y ese privilegio. Pensar es, o debería ser, imperturbabilidad y sosiego; y nuestros pobres corazones laten, y nuestros pobres cerebros palpitan demasiado para ello. Y, aun así, a veces he creído que mi corazón estaba muy sosegado… heladamente sosegado; este viejo cráneo cruje tanto como un vaso cuyo contenido se congela y lo resquebraja. Y aún sigue creciendo este pelo; creciendo en este momento, y el calor ha de alimentarlo; mas no es como esa clase de hierba vulgar que crece en cualquier parte, entre las rendijas terrosas del hielo de Groenlandia o en la lava del Vesubio. Cómo lo agitan los fieros vientos; lo azotan a mi alrededor lo mismo que los desgarrados jirones de las velas rotas fustigan el zarandeado barco al que se aferran. Un viento vil que sin duda ha soplado antes por pasillos y celdas de cárceles, y galerías de hospitales, y las ha ventilado, y ahora viene a soplar aquí, tan inocente como la piel del cordero. ¡Qué demonios!… está podrido. Si yo fuera el viento, no soplaría más sobre este perverso y miserable mundo. Reptaría a una cueva en alguna parte y allí me escabulliría. Y, sin embargo, se trata de algo noble y heroico, ¡el viento! ¿Quién jamás lo conquistó? En todas las peleas es el que da el último y más amargo golpe. Lo acometéis y lo único que hacéis es atravesarlo. ¡Ja!, un viento cobarde que golpea a hombres completamente desnudos, pero que no permanecerá firme para recibir un solo envite. Incluso Ajab es un ente más valiente… un ente más noble que eso. Si al menos el viento tuviera un cuerpo; pero todas esas cosas que en mayor modo exasperan y ultrajan a los mortales, todas esas cosas son incorpóreas, aunque sólo incorpóreas como objetos, no como agentes. Existe una diferencia de lo más especial, de lo más taimada, ¡ah, de lo más malvada! Y, no obstante, lo digo de nuevo, y lo juro ahora, hay algo absolutamente glorioso y gentil en el viento. Al menos estos cálidos vientos alisios, que en los claros cielos soplan uniformemente, con fuerte y constante vigorosa placidez. Y no se apartan de su dirección, por mucho que las corrientes principales giren o zigzagueen, y poderosos Mississippies de la tierra se tuerzan y se desvíen, dudando dónde ir a parar. ¡Y por los polos eternos!, estos mismos alisios, que de tan directa manera impulsan mi buen barco; estos alisios, o algo como ellos… algo tan imperturbable, e igual de potente, ¡impulsa mi alma dotada de quilla! ¡A ello! ¡Eh, ahí arriba! ¿Qué veis?


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