Moby Dick. Version ilustrada

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—Bien, ¿qué es lo que pensáis, entonces, acerca de ver el mundo? ¿Deseáis doblar el cabo de Hornos para ver algo más de él, eh? ¿No podéis ver el mundo desde donde estáis?

Quedé un poco tocado, pero a pescar ballenas había de ir, y lo haría; y el Pequod era tan buen barco como cualquiera —yo creía que el mejor—, y todo esto se lo repetí entonces a Péleg. Al verme tan decidido, expresó su disposición a enrolarme.

—Y podéis también firmar los papeles al momento —añadió—: seguidme —y así diciendo, me condujo bajo cubierta, a la cabina.

Sentado en el yugo estaba lo que me pareció una figura muy inusual y sorprendente. Resultó ser el capitán Bildad, que junto al capitán Péleg era uno de los principales propietarios del navío; las otras participaciones, como suele ser el caso en estos puertos, estaban en manos de un montón de rentistas: viudas, huérfanos y tutores judiciales, que poseían cada uno de ellos más o menos el valor del extremo de una cuaderna, o un pie de plancha, o uno o dos clavos del barco. Las gentes de Nantucket invierten su dinero en navíos balleneros del mismo modo que vosotros invertís el vuestro en bonos estatales garantizados, que aportan un buen interés.


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