Moby Dick. Version ilustrada
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CAPÍTULO XLVII
EL HACEDOR DE PALLETE
Era una tarde nublada, bochornosa; los marineros estaban holgazaneando en cubierta, o mirando, ausentes, las aguas de color plomo. Queequeg y yo estábamos apaciblemente ocupados en tejer lo que se conoce como un pallete a sable, para amarre adicional a nuestra lancha. Tan calmada y tenue, y sin embargo en cierto modo prelusiva, era toda la escena, y tal encantamiento de ensueño acechaba en el aire, que cada uno de los silenciosos marineros parecía aislado en su propio invisible ser.