Moby Dick. Version ilustrada

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Se da aquí con amplitud el exordio de Stubb a su tripulación porque en general tenía una manera más bien peculiar de hablarles, en especial al inculcarles la religión de remar. Pero de este espécimen de su sermonear no habéis de suponer que alguna vez se dejara llevar por auténticas emociones ante su congregación. En modo alguno; y en eso consistía su principal peculiaridad. Decía a su tripulación las más terribles cosas con un tono tan extrañamente compuesto de diversión e irritación, y la irritación parecía de tal modo calculada meramente como condimento de la diversión, que ningún remero podía escuchar tan insólitos requerimientos sin bogar por su vida y, aun así, bogaba por la mera guasa de ello. Además, él mismo parecía siempre tan tranquilo e indolente, manejaba su remo de gobierno con aire tan holgazán, y miraba con semejante alelamiento —a veces con la boca abierta—, que la sola visión de un patrón que tanto bostezaba, por la mera fuerza del contraste, actuaba como un sortilegio sobre la tripulación. Y, además, Stubb era de esa extraña clase de humoristas cuya jocosidad es a veces tan curiosamente ambigua, que pone en guardia a todos los inferiores en lo que respecta a obedecerlos.





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