Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Mientras tanto, Ajab, fuera de alcance de la escucha de sus oficiales, al haberse escorado el que más a barlovento, todavía se alineaba por delante de las otras lanchas; una circunstancia que indicaba lo potente que era la tripulación que bogaba para él. Esas criaturas amarillo-tigre suyas parecían todo acero y hueso de ballena, como cinco batanes se alzaban y caían con constantes golpes de fuerza, que de manera periódica hacían avanzar la lancha a través del agua como la caldera de explosión horizontal de un vapor del Mississippi. Por lo que respecta a Fedallah, a quien se veía bogando en el remo del arponero[67], había dejado de lado su chaqueta negra, y mostraba el pecho desnudo, con la entera parte de su tronco sobresaliendo de la borda cortada claramente contra las alternantes depresiones del acuático horizonte; mientras, al otro extremo de la lancha, a Ajab, lo mismo que un esgrimidor, con un brazo medio echado hacia atrás en el aire, como para contrapesar cualquier tendencia a volcar; a Ajab se le veía manejar firmemente su remo de gobierno como en mil arriadas antes de que la ballena blanca le hubiera desmembrado. De pronto el brazo alzado hizo un peculiar movimiento y entonces quedó fijo, mientras que los cinco remos de la lancha fueron vistos simultáneamente verticales. La lancha y la tripulación estaban plantadas, inmóviles, en el mar. Instantáneamente las tres lanchas desplegadas por detrás hicieron una pausa en su avance. Las ballenas se habían corporalmente aquietado de manera irregular en el agua, de modo que no mostraban signo discernible de movimiento, aunque, gracias a su más cercana vecindad, Ajab lo había percibido.