Moby Dick. Version ilustrada

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—¡Que cada hombre vigile en la dirección de su remo! —gritó Starbuck—. ¡Vos, Queequeg, en pie!

Saltando ágilmente sobre la caja triangular elevada en la proa, el salvaje permaneció allí erguido, y con ojos intensamente ansiosos oteó hacia el punto donde la presa había sido vista por última vez. De igual manera, en la parte más extrema de la popa, donde también había una plataforma triangular nivelada con la borda, podía verse al propio Starbuck, balanceándose fría y hábilmente con las bamboleantes sacudidas de la astilla de embarcación suya, y oteando silenciosamente el vasto ojo azul del mar.

No muy lejanamente distante, la lancha de Flask también flotaba en una calma de aliento contenido; su comandante temerariamente en pie sobre el remate del tocón, una especie de recio poste ensamblado en la quilla, y que se alza unos dos pies sobre el nivel de la plataforma de popa. Utilízase para sujetar vueltas de la estacha. Su remate no es más amplio que la palma de la mano de un hombre; y, en pie sobre semejante base, Flask parecía subido al tope de un barco que se hubiera hundido hasta sus mismas galletas. Mas el pequeño King-Post era de estatura pequeña y corta, y el pequeño King-Post estaba colmado a la vez de ambición grande y larga, así que esta plataforma suya del tocón, a King-Post en modo alguno le satisfacía.


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