Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —No puedo ver ni a tres mares; levanta un remo ahà y deja que me suba.
Ante lo cual, Daggoo, con ambas manos sobre la borda para equilibrar su camino, se deslizó rápidamente a popa, e irguiéndose entonces, ofreció sus elevados hombros como pedestal.
—Tan buen tope como cualquiera, señor. ¿Quiere montarse?
—Eso haré, y muchas gracias, mi buen amigo; lo único es que me gustarÃa que fueras cincuenta pies más alto.
Con lo cual, plantando sus pies firmemente contra dos planchas opuestas de la lancha, el gigantesco negro, inclinándose levemente, presentó su palma rasa al pie de Flask, y poniendo entonces la mano de Flask sobre su fúnebremente emplumada cabeza, e invitándole a que saltara a la vez que él mismo impulsaba, con un diestro impulso colocó al pequeño a salvo sobre sus hombros. Y ahà estaba ahora Flask en pie, Daggoo proporcionándole con un brazo alzado un sustentáculo para apoyarse y mantenerse en equilibrio.