Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Mientras tanto, Stubb, el tercer oficial, no mostraba semejantes inquietudes de observación lejana. Era posible que las ballenas hubieran realizado una de sus inmersiones regulares, y no un descenso temporal sólo por miedo; y si ése era el caso, Stubb, como al parecer era su costumbre en tales ocasiones, estaba resuelto a solazar el lánguido intervalo con su pipa. La retiró de la cinta de su sombrero, donde siempre la llevaba oblicuamente, como una pluma. La cargó, y retacó la carga con la yema del pulgar; pero apenas había encendido la cerilla contra el basto papel de lija de su mano, cuando Tashtego, su arponero, cuyos ojos habían estado declinando hacia barlovento como dos estrellas fijas, se dejó caer repentinamente, como el relámpago, desde su erecta postura al asiento, gritando en un enérgico frenesí de apremio:
—¡Abajo, abajo todos, y avante!… ¡Ahí están!