Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Para un hombre de tierra firme en ese momento no hubiera sido visible ni ballena alguna, ni rastro de arenque; nada excepto un pequeño espacio de verdosa agua blanca agitada, leves bocanadas dispersas de vapor planeando sobre ella, y alejándose expansivamente hacia sotavento, como la confusa rociada de blancas olas rizadas. El aire alrededor vibró y cosquilleó de pronto, similar en cierto modo al aire sobre placas de hierro intensamente calentadas. Bajo este atmosférico rizar y ondear, y en parte también bajo una delgada capa de agua, las ballenas nadaban. Observadas con anterioridad a todos los demás indicios, las bocanadas de vapor que resoplaban parecÃan sus correos adelantados y sus destacados escoltas volantes.
Las cuatro lanchas estaban ahora en afanosa persecución de ese único punto de agua y aire en agitación. Aunque éste parecÃa capaz de dejarlos atrás, se desplazaba cada vez más rápido, lo mismo que una masa de entremezcladas burbujas que el rápido torrente transporta colinas abajo.
—¡Bogad, bogad, jovenzuelos! —dijo Starbuck a sus hombres, con el más callado de los susurros, aunque el más intensamente concentrado; mientras la aguda mirada fija de sus ojos, enfilada recta más allá de la proa, parecÃa casi igual que dos agujas visibles en dos infalibles compases de bitácora.