Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada No decía mucho a su tripulación, no obstante, ni su tripulación le decía nada a él. Sólo el silencio de la lancha era a intervalos bruscamente atravesado por uno de sus peculiares susurros, a veces severo de mando, a veces suave de súplica.
Qué distinto el chillón pequeño King-Post.
—Cantad y decid algo, corazones míos. ¡Rugid y bogad, truenos míos! Encalladme, encalladme en sus negros lomos, muchachos; haced sólo eso por mí, y os legaré mi plantación en Martha’s Vineyard; incluyendo mujer e hijos, muchachos. ¡Tumbadme encima… tumbadme encima! ¡Oh, Señor, Señor!, es que me voy a volver completa y absolutamente loco: ¡Ved!, ¡ved ese agua blanca!
Y así gritando, se sacó el sombrero de la cabeza, y lo pateó por arriba y por abajo; luego, recogiéndolo, lo tiró muy lejos, al mar; y finalmente se puso a encabritarse y a inclinarse en la popa de la lancha como un potro de las praderas enloquecido.