Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Era mi turno de ocupar el tope del trinquete; y con los hombros apoyados contra los aflojados obenques del sobremastelerillo, me balanceaba perezosamente de un lado al otro en lo que parecía una atmósfera encantada. Ninguna voluntad podría resistirlo; perdiendo toda conciencia en ese somnoliento estado de ánimo, mi alma finalmente se separó de mi cuerpo; aunque mi cuerpo todavía continuó balanceándose, como lo hace un péndulo mucho después de haber retirado la fuerza que inicialmente lo ha movido.
Previamente a que el olvido me embargara totalmente, me había apercibido de que los marineros en los topes del mayor y de mesana ya estaban adormilados. Así que al final los tres colgábamos inánimes de las perchas, y por cada balanceo que dábamos allí, había abajo una cabezada del amodorrado timonel. Las olas también cabeceaban sus indolentes crestas; y a lo ancho del amplio trance del mar, el Este cabeceaba hacia el Oeste, y el sol por encima de todo.