Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada De pronto, parecieron explotar burbujas bajo mis ojos cerrados; como gatos de carpintero mis manos aferraron los obenques; algún invisible y grácil agente me salvaguardó; con un sobresalto volvà a la vida. Y, ¡hete aquÃ!, junto a nuestro sotavento, a menos de cuarenta brazas, un gigantesco cachalote holgaba volteando en el agua como el casco volcado de una fragata, su ancho y lustroso lomo de color etÃope brillando como un espejo bajo los rayos del sol. Y ondulando perezosamente en el seno del mar, y de vez en cuando soltando tranquilamente su vaporoso surtidor, la ballena parecÃa un corpulento burgués fumando su pipa en una cálida tarde. Mas esa pipa, pobre ballena, fue la última vuestra. Como golpeado por la varita mágica de un encantador, el somnoliento barco y cada uno de los durmientes que habÃa en él, todos, de pronto, se alertaron; y más de una veintena de exclamaciones desde todas partes del navÃo, simultáneamente con las tres notas desde lo alto, elevaron la acostumbrada voz, mientras el gran pez, lenta y regularmente, lanzaba la centelleante salmuera al aire.
—¡Disponed las lanchas! ¡Orzad! —gritó Ajab.
Y obedeciendo su propia orden, hizo caer de golpe el timón antes de que el timonel pudiera manejar las cabillas.