Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada Las repentinas voces de la tripulación debieron de sobresaltar a la ballena, que antes de que los botes estuvieran arriados, girando majestuosamente, se alejó nadando a sotavento, aunque con tal firme tranquilidad, y formando tan escaso oleaje mientras nadaba, que, considerando que a pesar de todo podría no haberse aún alarmado, Ajab dio órdenes de que no se empleara remo alguno, y de que ningún hombre hablara a no ser susurrando. Así que, sentados como indios de Ontario en las bordas de las lanchas, rápida y silenciosamente avanzamos con las palas; la calma no admitía que se izaran las silenciosas velas. Enseguida, mientras así nos deslizábamos en persecución, el monstruo batió perpendicularmente la cola cuarenta pies en el aire, y entonces se sumergió, desapareciendo de vista como una torre engullida.
—¡Ahí van palmas! —fue la voz, un anuncio inmediatamente seguido por la acción de Stubb de sacar las cerillas y encender su pipa, pues ahora estaba garantizado un descanso.