Moby Dick. Version ilustrada

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Según la inalterable costumbre de la pesquería, la ballenera parte del barco con el patrón o matarife de ballenas como timonel temporal, y el arponero o aferrador de ballenas batiendo el remo más anterior, el conocido como «remo del arponero». Ahora bien, se necesita un brazo fuerte, de nervio, para clavar el primer hierro en el pez; pues a menudo, en lo que se conoce como un «lanzamiento largo», el pesado implemento tiene que ser lanzado a la distancia de veinte o treinta pies. Pero por muy prolongado y agotador que sea el acoso, se espera del arponero que entretanto bata su remo al límite; de hecho, se espera de él que marque un ejemplo de actividad sobrehumana para los demás, no sólo remando de manera increíble, sino también profiriendo intrépidas exclamaciones a voz en grito; y lo que es seguir gritando a garganta partida, mientras todos los demás músculos están forzados y a medio tensar… lo que eso es, nadie lo sabe excepto los que lo han experimentado. Yo, por ejemplo, no puedo vociferar con mucho empeño y trabajar con mucha soltura al mismo tiempo. En este estado de esfuerzo y desgañitamiento, entonces, de espaldas al pez, el exhausto arponero escucha de pronto la apremiante voz… «¡En pie y arrójaselo!» Ahora tiene que soltar y asegurar su remo, girar media vuelta sobre sí mismo, coger el arpón de la horcadura y, con la poca fuerza que pueda quedarle, de algún modo lo intenta lanzar a la ballena. No es de extrañar que, tomando la entera flota de balleneros en total, de cincuenta buenas ocasiones para un lanzamiento, ni cinco tengan éxito; no es de extrañar que a muchos desafortunados arponeros les maldigan airadamente y les degraden; no es de extrañar que algunos de ellos literalmente revienten sus vasos sanguíneos en la lancha; no es de extrañar que algunos balleneros del cachalote estén ausentes cuatro años para cuatro barriles; no es de extrañar que para muchos armadores la pesca de la ballena sólo sea un negocio ruinoso; pues es el arponero el que hace la expedición, y si le quitáis el aliento del cuerpo, ¡cómo podéis esperar encontrarlo allí cuando más se necesita!


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