Moby Dick. Version ilustrada

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Una o dos palabras más, concernientes a este asunto de la piel o lardo de la ballena. Ya se ha dicho que se le quita en largas piezas llamadas mantas. Como la mayoría de los términos marítimos, éste es un término muy feliz y significativo. Pues la ballena está, efectivamente, arropada en su lardo como en una auténtica manta o cubrecama; o, todavía mejor, un poncho indio pasado sobre su cabeza y que cae hasta su extremidad. Es a causa de este acogedor arropamiento de su cuerpo, que la ballena es capaz de mantenerse confortable en todo tiempo, en todo mar, en toda época y marea. ¿Qué sería de una ballena de Groenlandia, por ejemplo, en esos estremecedores mares helados del norte, si no estuviera provista de su acogedor sobretodo? Cierto, otros peces enormemente briosos se encuentran en estas aguas hiperbóreas; pero éstos, obsérvese, son esos peces de sangre fría, carentes de pulmones, cuyos mismos estómagos son neveras; criaturas que se calientan al socaire de un iceberg lo mismo que un viajero, en invierno, se deleita ante el fuego de una posada; mientras que la ballena, como el hombre, tiene pulmones y sangre caliente. Si congelas su sangre, muere. Qué portentoso es entonces —excepto tras aclaración— que a este gran monstruo, para el que el calor corporal es tan indispensable como lo es para el hombre… ¡qué portentoso que se le encuentre como en casa, inmerso hasta sus labios de por vida en esas aguas árticas!, donde, cuando los marinos caen por la borda, a veces son encontrados, meses después, congelados perpendicularmente en los corazones de campos de hielo, lo mismo que una mosca es encontrada atrapada en ámbar. Pero más sorprendente resulta saber, como se ha probado por experimentación, que la sangre de una ballena polar es más caliente que la de un negro de Borneo en verano.


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