Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —¡Tripulad mi lancha! —gritó Ajab impetuosamente, apartando los remos cercanos a él—. ¡Listos para arriar!
En menos de un minuto, sin dejar su pequeña nave, su tripulación y él mismo fueron descolgados al agua, y pronto estuvieron al costado del foráneo. Mas aquà se presentó una curiosa dificultad. En la excitación del momento, Ajab habÃa olvidado que desde la pérdida de su pierna ni una sola vez en alta mar habÃa subido a bordo de navÃo alguno salvo el suyo y que, en ese caso, siempre lo hacÃa gracias a un ingenioso y muy útil artilugio mecánico exclusivo del Pequod, algo que ningún otro navÃo podÃa aparejar y armar a breve aviso. Ahora bien, no es fácil para nadie —excepto para aquellos que a cada hora están acostumbrados a ello, como los balleneros—, ascender el costado de un barco desde una lancha en mar abierto; pues grandes olas alzan ahora la lancha muy alto hacia las amuradas, y luego instantáneamente la dejan caer hasta medio camino de la sobrequilla. Asà que, privado de una pierna, y careciendo, desde luego, el barco foráneo del servicial invento, Ajab se encontró ignominiosamente reducido de nuevo a un torpe hombre de tierra firme, mirando con desesperación la incierta altura cambiante que malamente podÃa esperar alcanzar.