Moby Dick. Version ilustrada

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—¡Ah, muy severo! —intervino el propio paciente; que alterando luego su voz, añadió—: bebiendo conmigo ron caliente con miel cada noche, hasta que no podía ver ni para colocar los vendajes; y mandándome a la cama, dando tumbos, hacia las tres de la mañana. ¡Ah, vos, estrellas! Efectivamente, se sentó conmigo, y fue muy severo con mi dieta. ¡Ah!, un gran custodio es el doctor Bunger, y muy dietéticamente severo. (¡Bunger, perro, ríete!, ¿por qué no lo haces? Ya sabes que eres un relamido y jovial granuja.) Pero levanta el ánimo, muchacho, preferiría que me mataras tú a que cualquier otro me mantuviera vivo.

—Mi capitán, debe ya haber observado, respetado señor —dijo el aparentemente imperturbable y piadoso Bunger, inclinándose levemente ante Ajab—, es dado a ser gracioso a veces; nos gasta muchas gracias ingeniosas de este tipo. Pero bien puedo decir… en passant, como dicen los franceses… que yo mismo… es decir, Jack Bunger, antes del reverendo clero… soy un total abstemio; nunca bebo…

—¡Agua! —gritó el capitán—, nunca la bebe; le da una especie de ataque; el agua fresca le produce hidrofobia; pero continúa… continúa con la historia del brazo.


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