Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —SÃ, deberÃa —dijo el cirujano, frÃamente—. Estaba haciendo la observación, señor, antes de la chistosa interrupción del capitán Boomer, de que a pesar de mis mejores y más severos esfuerzos, la herida se ponÃa cada vez peor; la verdad, señor, era la herida abierta más fea que jamás vio cirujano alguno; más de dos pies y varias pulgadas de largo. La medà con la sondaleza. Al poco se volvió negra; sabÃa lo que amenazaba, y afuera la quité. Pero yo no tuve nada que ver con embarcar ahà ese brazo de marfil; esa cosa va contra todas las normas —señalándolo con el pasador—, eso es obra del capitán, no mÃa; le ordenó al carpintero que se lo hiciera: hizo que le pusieran ahà esa maza en el extremo, para machacarle los sesos a alguien con ella, supongo, como una vez trató de machacarme los mÃos. A veces le dan ataques diabólicos. ¿Ve esta muesca, señor? —quitándose el sombrero y apartándose el pelo, y exponiendo una cavidad en forma de tazón en su cráneo, pero que no tenÃa la menor traza de cicatriz, ni signo alguno de haber sido una herida alguna vez—. Bien, aquà el capitán le dirá cómo vino esto a parar aquÃ; él lo sabe.