Moby Dick. Version ilustrada

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—Bueno —interrumpió Bunger—, dele entonces su brazo izquierdo como cebo para recuperar el derecho. ¿Saben, caballeros…? —muy grave e inclinándose matemáticamente ante cada capitán en sucesión—. ¿Saben, caballeros, que los órganos digestivos de la ballena están tan inescrutablemente construidos por la Divina Providencia que es totalmente imposible para ella digerir ni siquiera el brazo de un hombre? Y ella lo sabe, además. Así que lo que toman por la malignidad en la ballena blanca sólo es su torpeza. Pues nunca tiene intención de tragar un solo miembro; sólo piensa en aterrorizar mediante argucias. Aunque a veces es como el viejo malabarista, un antiguo paciente mío de Ceilán, que haciendo creer que tragaba navajas una vez dejó caer dentro de él una de verdad, y allí estuvo durante más de doce meses; hasta que yo le di un emético y la vomitó en forma de chinchetas, así fue. No hubo modo posible de que digiriera esa navaja y la incorporara íntegramente a su sistema corpóreo general. Sí, capitán Boomer, si está suficientemente interesado, y tiene intención de empeñar un brazo por el privilegio de dar un entierro decente al otro, bueno, en ese caso el brazo es suyo; lo único que hay que hacer es darle pronto otra oportunidad a la ballena, eso es todo.




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