Moby Dick. Version ilustrada
Moby Dick. Version ilustrada —Escuchad, entonces. ¿Cómo sabéis que algo completo, vivo, pensante, puede no estar invisible e ininterpenetrantemente, exactamente donde vos estáis ahora; sÃ, y estar ahà a pesar de vos? ¿No teméis, entonces, que en vuestras horas más solitarias os escuchen? Deteneos, ¡no habléis! Y si yo todavÃa siento el dolor de mi pierna masticada, aunque hace ya tanto esté deshecha; entonces, ¿por qué no vais vos, carpintero, a sentir los feroces dolores del Infierno para siempre y sin cuerpo? ¡Ja!
—¡Dios mÃo! Ciertamente, señor, si se trata de eso, debo calcular de nuevo; creo que no tuve en cuenta un pequeño sumando, señor[138].
—Atended, los atolondrados nunca deben dar las cosas por sentado… ¿Cuánto, hasta que la pierna esté hecha?
—Quizá una hora, señor.