Moby Dick
Moby Dick —¿Lo de los coches fúnebres? ¿No he dicho, viejo, que para vos no hay ni coche fúnebre ni féretro?
—¿Y quién muere en el mar, que sea enterrado en coche fúnebre?
—Ya os he dicho, viejo, que antes de que podáis morir en esta expedición, vos habéis de ver incuestionablemente dos coches fúnebres en el mar, el primero no fabricado por manos mortales; y la madera visible del último debe haber crecido en América.
—¡SÃ, sÃ!, una visión extraña, ésa, parsi… Un coche fúnebre con sus plumajes flotando sobre el océano, con las olas como portadores del féretro. ¡Ja! Semejante visión no la veremos.
—Creedlo o no: no podéis morir hasta que sea vista, viejo.
—¿Y cuál era ese dicho sobre vos mismo?
—Aunque sea al final, aún partiré antes que vos, como vuestro piloto.
—Y cuando asà os hayáis ido previamente… si eso ocurre alguna vez… entonces, antes de que pueda seguiros, ¿vos debéis aún aparecer ante mÃ, para seguir pilotándome?… ¿No era asÃ? Bien, entonces he creÃdo todo lo que decÃs, ¡mi piloto! Aquà tengo dos avales de que aún mataré a Moby Dick y sobreviviré a ello.