Moby Dick

Moby Dick

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Todavía no se ha forjado el arpón que alguna vez lo haga –contestó el otro, echando tristemente la vista sobre un coy arrollado en cubierta, cuyos recogidos bordes unos callados marineros se afanaban en coser juntos.

—¡No se ha forjado! –y agarrando el nivelado hierro de Perth de la horcadura, Ajab lo sacó, exclamando–: ¡Observad, hombre de Nantucket; aquí, en esta mano, yo sostengo su muerte! Templados en sangre y templados por el rayo están estos ganchos; ¡y juro que los templaré por tercera vez en ese lugar caliente detrás de la aleta, donde la ballena blanca más siente su maldita vida!

—Entonces, que Dios os guarde, viejo… ¿Veis eso? –señalando al coy–. Sólo entierro a uno de cinco fornidos hombres que ayer aún estaban vivos; pero que antes de llegar la noche estuvieron muertos. Solamente a ése entierro; el resto fue enterrado antes de morir: vos navegáis sobre su tumba. –Volviéndose entonces a su tripulación–: ¿Estáis dispuestos? Colocad entonces la plancha sobre la regala, y alzad el cuerpo; así, entonces… ¡Oh, Dios! –avanzando hacia el coy con las manos alzadas–, que la resurrección y la vida…

—¡Bracead en viento! ¡Caña a barlovento! –gritó Ajab, como el relámpago, a sus hombres.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker