Moby Dick
Moby Dick Y ahora, mientras las dos elásticas bordas cimbreaban hacia dentro y hacia fuera al juguetear la ballena con el sentenciado bote de esta diabólica manera; y dado que, como su cuerpo estaba sumergido bajo la lancha, no podía ser arponeada desde la proa, pues, por decirlo así, la proa estaba casi dentro de ella; y mientras las otras lanchas se detenían involuntariamente, como ante una crisis vital imposible de sobrellevar, entonces sucedió que el monomaníaco Ajab, furioso por esta provocadora vecindad de su enemigo, que le situaba, vivo y desamparado, en las mismas fauces que odiaba; frenético por todo ello, agarró el largo hueso con sus manos desnudas, y pugnó salvajemente por descuajarlo de su presa. En tanto que ahora así vanamente se esforzaba, la mandíbula se le escapó; las frágiles bordas se curvaron hacia dentro, cedieron y chascaron, mientras ambas mandíbulas, deslizándose cual enormes cizallas más a popa, mordieron, partiendo el bote completamente en dos, y se juntaron firmemente de nuevo en el mar, en mitad de los dos pecios flotantes. Éstos se separaron flotando, los extremos partidos sumergiéndose, los tripulantes del pecio de popa colgándose de las amuras, y esforzándose por aferrarse a los remos para amarrarlos de través.