Moby Dick
Moby Dick En ese instante preliminar, antes de que la lancha estuviera partida, Ajab, el primero en percatarse de la intención de la ballena por la taimada elevación de su cabeza, un movimiento que durante un momento aflojó su presa; en aquel instante su mano había realizado un esfuerzo final por sacar la lancha de la dentellada empujando. Pero limitándose a deslizarse más en la boca de la ballena, y a volcar mientras se deslizaba, la lancha, de una sacudida, le había hecho soltar la presa de la mandíbula; le había lanzado fuera cuando se inclinaba para empujar; y así había caído de bruces al mar.
Alejándose como un rompiente de su despojo, Moby Dick permanecía ahora a poca distancia, impulsando verticalmente su oblonga cabeza blanca arriba y abajo entre las olas; y girando lentamente al mismo tiempo la totalidad de su ahusado cuerpo; de manera que cuando su enorme frente arrugada se elevaba –a veinte o más pies por encima del agua–, el oleaje, que ahora aumentaba, junto con todas las otras olas confluentes, rompía deslumbrantemente contra él, lanzando vindicativamente aún más alto la fragmentada espuma al aire[151]. Así, en una galerna, las olas apenas medio contenidas del Canal de la Mancha sólo retroceden de la base de Eddystone para sobrepasar triunfalmente la cima con su cresta.