Moby Dick

Moby Dick

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Mas esta misma intensidad de su postración física, tanto más la abrevió. En la amplitud de un instante, los grandes corazones a veces condensan en una profunda punzada la suma total de esos dolores superficiales, benignamente diseminados a lo largo de las vidas enteras de hombres más débiles. Y, así, tales corazones, aunque sucintos en cada sufrimiento, si los dioses lo decretan, aun así, en su vida acumulan una completa era de desgracia, íntegramente compuesta de instantáneas intensidades; pues incluso en sus indeterminados centros esas nobles criaturas contienen las enteras circunferencias de almas inferiores.

—El arpón –dijo Ajab, medio levantándose y apoyándose a rastras en un brazo doblado–, ¿está a salvo?

—Sí, señor, pues no fue arrojado; éste es –dijo Stubb, mostrándolo.

—Dejadlo ante mí… ¿Algún hombre perdido?

—Uno, dos, tres, cuatro, cinco; señor, había cinco remeros, y aquí hay cinco hombres.

—Bien está. Ayudadme, marinero; deseo ponerme en pie. Así, así, ¡le veo! ¡Allí, allí! Todavía a sotavento: ¡qué chorro tan saltón…! ¡Soltadme! ¡La savia eterna corre por los huesos de Ajab otra vez! ¡Izad la vela, fuera remos, la caña!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker