Moby Dick
Moby Dick El primer impulso ascendente de la ballena —modificando su dirección al golpear la superficie— la lanzó, a su vez, a ella involuntariamente a una pequeña distancia del centro de la destrucción que había causado; y de espaldas a ésta, descansó ahora unos momentos tanteando lentamente de lado a lado con las palmas de su cola; y siempre que un remo suelto, un pedazo de tabla, la más pequeña astilla o grumo de las lanchas tocaba su piel, su cola se retiraba rápidamente, y volvía de lado, golpeando el mar. Aunque pronto, aparentemente satisfecha de que su trabajo por el momento estuviera concluido, impulsó su arrugada frente a través del océano y, arrastrando tras ella las estachas enredadas, continuó su trayecto a sotavento con el metódico paso del viajero.
Al igual que antes, el atento barco, que había observado toda la pelea, vino de nuevo arribando al rescate, y arriando una lancha, recogió a los marineros que flotaban, las tinas, los remos, y cualquier otra cosa que pudiera ser recogida, y los depositó a salvo en sus cubiertas. Algunos hombros, muñecas y tobillos lesionados; contusiones amoratadas; arpones y lanzas retorcidos; irresolubles marañas de cuerda; remos y tablas rotas; pero ningún daño fatal, o incluso serio, pareció haberle ocurrido a nadie. Como a Fedallah el día anterior, a Ajab se le encontró desoladamente aferrado a la mitad partida de su lancha, que le permitía una flotación comparativamente sencilla; y que no le causó un agotamiento tan grande como la desgracia del día anterior.