Moby Dick
Moby Dick lóbrega desolación sobre mí enarcaron,
al pasar las olas al sol de Dios todas,
hundiéndome en la perdición me dejaron.
Vi la mandíbula del Infierno abierta,
con infinitos dolores y penas allí,
que sólo los que sienten saben cierta…
Oh, en la desesperación caer me vi.
En negra pena apelé a mi Dios
cuando apenas creerle mío podía.
Él a mis quejas el oído inclinó,
la ballena ahora ya no me recluía.
Con rapidez, voló a mi salvación
como portado sobre un delfín radiante,
como el relámpago; de mi liberador Dios
lució la faz, terrible, y aun así brillante.
Esa terrible, esa alegre hora,
por siempre recogerá mi canción.
A mi Dios yo doy la gloria toda,
suyo es todo el poder y el perdón.