Moby Dick
Moby Dick »Ahora bien, el capitán de Jonás, compañeros de tripulación, era de aquellos cuyo discernimiento detecta el crimen en cualquiera, mas cuya codicia lo denuncia sólo en los indigentes. En este mundo, compañeros, el pecado que paga su viaje puede viajar libremente, y sin pasaporte; mientras que la virtud, si es menesterosa, es detenida en todas las fronteras. Así que el capitán de Jonás, antes de juzgarle abiertamente, se dispone a comprobar la profundidad de la bolsa de Jonás. Pide el triple de la suma usual; y se lo aceptan. Entonces el capitán sabe que Jonás es un fugitivo; pero al mismo tiempo decide colaborar en una huida que pavimenta de oro su retaguardia. No obstante, cuando Jonás saca limpiamente su bolsa, la prudente sospecha inquieta todavía al capitán. Hace sonar cada moneda para descubrir alguna falsa. No es un falsificador, por lo menos, murmura; y Jonás es apuntado a su pasaje.
»“Indíqueme mi camarote, señor”, dice ahora Jonás, “estoy cansado del viaje; necesito dormir”.
»“Ése aspecto tenéis”, dice el capitán, “ahí está vuestra habitación”.