Moby Dick
Moby Dick »“¡Oh, asà cuelga mi conciencia en mÃ!â€, gruñe, “recta hacia arriba, asà arde; ¡pero los aposentos de mi alma están torcidos todos!â€.
»Como alguien que tras una noche de juerga embriagada se apresura al lecho, todavÃa vacilante, pero con la conciencia punzándole ya, lo mismo que los saltos del caballo de carreras romano, que sólo presionan cada vez más su bocado de acero en él; como alguien que en esa miserable situación aún se vuelve una y otra vez en aturdida angustia, rogándole a Dios ser anulado hasta que el trastorno pase; y finalmente, en medio del torbellino de penar que siente, un profundo estupor le embarga, como al hombre que se desangra hasta la muerte, pues la conciencia es la herida, y no hay nada que la tapone; asÃ, tras dolorosos combates en su litera, el portento de la ponderal aflicción de Jonás le arrastra, sumiéndole al sueño.