Moby Dick
Moby Dick »Y ahora ha llegado el momento de la marea; el barco suelta los cables; y desde el muelle desierto el barco de Tarsis, que nadie despide, se desliza todo escorado al mar. ¡Ese barco, amigos míos, fue el primer contrabandista registrado! El contrabando era Jonás. Mas el mar se rebela; no va a soportar la inicua carga. Viene una terrible tormenta, el barco puede partirse. Y ahora, cuando el contramaestre llama a toda la tripulación a aligerarlo; cuando cajas, fardos y vasijas castañetean por encima de la borda; cuando el viento chirría, y los hombres dan alaridos, y todas las planchas truenan con pies que pisotean justo encima de la cabeza de Jonás; en todo este furioso tumulto, Jonás duerme su espantoso sueño. No ve negro cielo ni mar furioso, no siente el bamboleante maderamen, y apenas escucha o repara en el lejano embate de la poderosa ballena, que ya ahora, con fauces abiertas, está surcando los mares tras él. Sí, compañeros, Jonás había descendido a los costados del barco… Una litera en la cabina, como lo he citado, y estaba profundamente dormido. Mas el asustado patrón viene a él, y chilla en su oído muerto:
»“¿Qué pretendéis vos? ¡Eh, durmiente! ¡Despertad!”.