Moby Dick
Moby Dick »¿Temerle, eh, Jonás? ¡SÃ, bien podÃas temer al Señor Dios entonces! Inmediatamente, sigue ahora hasta hacer una confesión completa; ante lo cual los marineros quedan cada vez más consternados, aunque aún son clementes. Pues cuando Jonás, no suplicando todavÃa piedad a Dios, dado que demasiado bien conocÃa la oscuridad de sus desiertos… cuando el desdichado Jonás les grita que le cojan y le lancen al mar, pues sabÃa que por su causa estaba sobre ellos esta gran tempestad, ellos, compasivamente, se apartan de él, y tratan de salvar el barco por otros medios. Mas todo en vano; la encolerizada galerna aúlla más fuerte; entonces, con una mano alzada invocando a Dios, muy a su pesar sujetan a Jonás con la otra.