Moby Dick
Moby Dick A la mañana siguiente, lunes, tras vender la cabeza embalsamada a un barbero, para que fuera usada de fraustina, me ocupé de mi propia cuenta y de la de mi camarada; empleando, empero, el dinero de mi camarada. Al sonriente posadero, lo mismo que a los huéspedes, parecía hacerles una enorme gracia la repentina amistad que había surgido entre Queequeg y yo… En especial, dado que los enredos de Peter Coffin tanto me habían alarmado previamente en relación con la misma persona con la que ahora estaba en compañía.