Moby Dick
Moby Dick Y asà resultó ser, habiéndose el señor Oseas Hussey ausentado de casa, aunque dejando a la señora Hussey enteramente capacitada de atender todos sus asuntos. Al manifestar nuestros deseos de una cena y una cama, la señora Hussey, posponiendo por el momento ulteriores reprimendas, nos condujo a una pequeña habitación, y sentándonos a una mesa rociada con los restos de un condumio recientemente concluido, volviose hacia nosotros y dijo:
—¿Almeja o bacalao?
—¿Qué dice de bacalaos, señora? —dije yo con mucha educación.
—¿Almeja o bacalao? —repitió.
—¿Una almeja para cenar? Una almeja frÃa; ¿es eso lo que quiere decir, señora Hussey? —dije yo—; pero en tiempo invernal ése es un recibimiento más bien frÃo y viscoso, ¿no le parece, señora Hussey?
Mas al tener mucha prisa por reanudar la reprimenda al hombre de la camisa púrpura, que estaba esperando en la entrada a que lo hiciera, y pareciendo no haber escuchado nada excepto la palabra «almeja», la señora Hussey se dirigió rápidamente hacia una puerta abierta que daba a la cocina y, vociferando «almeja para dos», desapareció.
—Queequeg —dije yo—, ¿tú crees que podemos apañarnos una cena los dos con una sola almeja?