Moby Dick

Moby Dick

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Era Los Calderos del Beneficio el más escamante de los lugares, y bien merecía su nombre, pues los calderos siempre estaban cociendo raciones de chowder. Chowder para el desayuno, y chowder para la comida, y chowder para la cena, hasta que empezabas a buscar espinas de pescado saliéndote de la ropa. La zona anterior de la casa estaba pavimentada con conchas de almejas. La señora Hussey llevaba un collar pulido de vértebras de bacalao, y Oseas Hussey había encuadernado sus libros de contabilidad en piel antigua de tiburón de la mejor calidad. Había incluso un gusto a pescado en la leche, que en modo alguno pude explicarme hasta que una mañana, mientras daba un paseo por la playa entre unas lanchas de pescadores, vi a la vaca moteada de Oseas alimentándose de restos de pescado y andando por la arena con cada pezuña metida en la cabeza cortada de un bacalao, con aire muy de andar en zapatillas, os lo aseguro.

Concluida la cena, recibimos una lámpara e indicaciones de la señora Hussey sobre el camino más corto hacia la cama; pero cuando Queequeg iba a precederme escaleras arriba, la señora extendió el brazo y le pidió su arpón: no permitía arpones en sus estancias.

—¿Por qué no? —dije yo—. Todo ballenero que se precie duerme con su arpón…. ¿Y por qué no?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker