Moby Dick
Moby Dick —Atended, joven; vuestros pulmones son de tipo fofo, ¿lo veis? No habláis con ningún mordiente. ¿Seguro que habéis navegado con anterioridad? ¿Estáis seguro?
—Señor —dije yo—, creo haberle dicho que habÃa hecho cuatro viajes en el servicio…
—¡Acabad con eso! Recordad lo que dije del servicio mercante… no me incomodéis… no lo voy a admitir. Mas entendámonos. Os he proporcionado un indicio de lo que es la pesca de la ballena; ¿todavÃa os sentÃs atraÃdos por ella?
—Lo estoy, señor.
—Muy bien. Veamos: ¿sois vos el hombre que lanzarÃa un arpón a la garganta de una ballena viva y que luego saltarÃa tras él? ¡Responded, rápido!
—Lo soy, señor, si fuera positivamente indispensable hacerlo; no para ser aniquilado, quiero decir; que supongo que no es de lo que se trata.
—Bien de nuevo. Veamos ahora: ¿no deseabais ir a pescar ballenas sólo para descubrir por experiencia lo que es la pesca de la ballena, sino que también deseáis ir con objeto de ver el mundo? ¿No fue eso lo que dijisteis? Me pareció que era asÃ. Bien está, id entonces allá y echad una ojeada sobre la amura de barlovento, y volved después y decidme qué es lo que veis allÃ.