Moby Dick
Moby Dick —Pero no creo que podáis hacerlo por el momento. No sé exactamente qué es lo que le ocurre, pero se queda encerrado en casa, como si estuviera enfermo, y sin embargo no lo parece. De hecho, no está enfermo; aunque no, tampoco está bien. De cualquier modo, joven, no siempre me recibe a mÃ, asà que supongo que no lo hará con vos. Es un hombre extraño… el capitán Ajab… asà lo piensan algunos, pero es buen hombre. Ah, os agradará lo suficiente; no temáis, no temáis. Es un espléndido hombre impÃo, semejante a un Dios. No habla mucho, pero cuando habla es mejor que escuchéis. Atended, estad prevenido: Ajab está por encima de lo común; Ajab ha estado en universidades, y también entre los canÃbales; se ha familiarizado con prodigios más profundos que las olas; ha clavado su fogosa lanza en enemigos más poderosos y más extraños que las ballenas. ¡Su lanza, sÃ, que es la más afilada y precisa de todas las de nuestra isla! ¡Ah!, él no es el capitán Bildad, no, y tampoco es el capitán Péleg; él es Ajab, muchacho; ¡y el Ajab de la Antigüedad, ya sabéis, era un rey coronado!
—Y uno muy infame. Cuando mataron a ese malvado rey, los perros… ¿no lamieron los perros su sangre?