Moby Dick
Moby Dick Ahora bien, como indiqué antes, no tengo objeción alguna a la religión de cualquier persona, sea la que sea, siempre que esa persona no mate o insulte a cualquier otra persona porque esa otra persona no la profese también. Pero cuando la religión de un hombre se hace verdaderamente desvariada; cuando es un verdadero tormento para él; y, en concreto, hace de esta tierra nuestra una incómoda posada en la que alojarse, entonces creo que ha llegado el momento de llevar aparte a ese individuo y discutir el asunto con él.
Y eso mismo hice ahora con Queequeg.
—Queequeg —dije yo—, ahora métete en la cama, túmbate y escucha.