Moby Dick
Moby Dick Entonces continué, comenzando con la aparición y evolución de las religiones primitivas, y llegando a las distintas religiones de la actualidad, durante lo cual me esforcé por enseñarle a Queequeg que todas esas cuaresmas, ramadanes y prolongadas sesiones de sentarse sobre los talones en frías y desangeladas estancias eran puro dislate: malo para la salud, inútil para el alma; brevemente, contrario a las obvias leyes de la higiene y el sentido común. Le dije, también, que siendo él en otras cosas un salvaje tan extremadamente sensible y sagaz, me apenaba, me apenaba extraordinariamente verle ahora tan deplorablemente necio con respecto a ese ridículo Ramadán suyo. Además, argumentaba, el ayuno hace que el cuerpo decaiga; por tanto, el espíritu decae; y todos los pensamientos surgidos de un ayuno deben necesariamente ser medio famélicos. Ésta es la razón por la que la mayor parte de los dispépticos santurrones abrigan unas nociones tan melancólicas sobre sus más allás. En una palabra, Queequeg, le dije, más bien divagadoramente: el Infierno es una idea surgida originalmente de un dumpling de manzana mal digerido; y perpetuada desde entonces a través de las hereditarias dispepsias nutridas por ramadanes.