Moby Dick
Moby Dick —Capitán, ¿tú ver pequeña gota brea en agua ella all� ¿Ver? Bien, suponer ella un ojo ballena, bien, ¡diana!
Y apuntando derecho a ella lanzó el hierro justo por encima del ala ancha del viejo sombrero de Bildad, limpiamente a través de la cubierta del barco, y dio en la refulgente mancha de brea haciéndola desaparecer.
—Ahora —dijo Queequeg recogiendo tranquilamente la estacha— suponer ella ojo ballena-i; bueno, ballena esa muerta.
—Rápido, Bildad —dijo Péleg a su socio, que, aterrorizado ante la cercana vecindad del arpón volador, se habÃa retirado hacia el portalón de la cabina—. Daos prisa, digo, vos, Bildad, y traed los papeles del barco. Debemos hacernos aquà con Gorgojo, quiero decir Quohog, para una de nuestras lanchas. Mirad, Quohog, os daremos el nonagésimo provecho, y eso es más de lo que nunca se dio a un arponero que zarpara de Nantucket.
Asà que abajo fuimos a la cabina y, para mi gran contento, Queequeg fue pronto enrolado en la propia compañÃa de barco a la que yo mismo pertenecÃa.
Cuando finalizamos todos los preliminares y Péleg hubo dispuesto todo para firmar, se giró hacia mà y dijo:
—Supongo que aquà Quohog no sabe escribir, ¿o s� Digo, Quohog, ¡espabilad!: ¿firmáis con vuestro nombre o hacéis vuestra marca?