Moby Dick
Moby Dick —¿Le estás viendo, Flask? —susurró Stub—. El pollo que tiene dentro picotea el cascarón. Pronto saldrá.
Las horas transcurrieron; Ajab ahora encerrado dentro de su cabina; al poco paseando la cubierta, con el mismo intenso fanatismo de intención en su aspecto.
El final del dÃa se acercaba. De pronto se detuvo junto a la amurada, e insertando su pata de hueso en la cavidad de broca que allà habÃa, y con una mano agarrando un obenque, ordenó a Starbuck que reuniera a todos a popa.
—¡Señor! —dijo el oficial, sorprendido ante una orden que, excepto en caso extraordinario, raramente o nunca se da a bordo.
—Reunid a todos a popa —repitió Ajab—. ¡Topes, eh! ¡Bajad!