Moby Dick
Moby Dick —Escuchad vos, aun otra vez… el nivel algo más profundo. Todos los objetos visibles, señor, sólo son máscaras de cartón. Pero en cada suceso… en el acto viviente, el hecho irrebatible… allÃ, algún ente desconocido, aunque racional, imprime el molde de sus rasgos desde detrás de la máscara que no razona. Si el hombre quiere golpear, ¡que golpee traspasando la máscara! ¿Cómo puede el prisionero llegar al exterior, sino atravesando la pared por la fuerza? Para mÃ, la ballena blanca es esa pared, acercada e empujones hasta mÃ. A veces pienso que más allá no hay nada. Pero es suficiente. Me oprime; me abruma; en ella veo una fortaleza atroz, con una inescrutable malicia que la robustece. Ese algo inescrutable es lo que más odio; y ya sea la ballena blanca el agente, ya sea el principal, descargaré ese odio sobre ella. No me habléis de blasfemia, señor; golpearÃa al sol si me insultara. Pues si el sol pudiera hacer eso, yo podrÃa hacer lo otro; puesto que siempre existe una especie de juego limpio en esto, al ser la envidia quien preside sobre todas las creaciones. Pero ni siquiera, compañero, ese juego limpio es mi dueño. ¿Quién está por encima de mÃ? La verdad no tiene confines. ¡Apartad vuestro ojo! ¡Más intolerable que los encaros del enemigo es una mirada necia! Vaya, vaya; enrojecéis y palidecéis; mi ardor os ha derretido hasta el fulgor de la ira. Mas observad, Starbuck, lo que se dice en ardor, eso se desdice a sà mismo. Existen hombres de quienes palabras ardientes son indignidad menor. No pretendÃa enfureceros. Dejadlo pasar. ¡Mirad!, observad aquellas mejillas turcas de bronceado a manchas… imágenes vivas, que respiran, pintadas por el sol. Los leopardos paganos… los seres que no se preocupan y no adoran, que viven; y buscan, ¡y no dan razones para la tórrida vida que sienten! ¡La tripulación, compañero, la tripulación! ¿No están todos y cada uno con Ajab en este asunto de la ballena? ¡Ved a Stubb! ¡Se rÃe! ¡Ved a aquel chileno de allá! Bufa de pensar en ello. ¡Starbuck, vuestro único y zarandeado tallo no puede manteneros firme en medio del huracán general! ¿Y de qué se trata? Reconocedlo. Sólo se trata de ayudar a arponear una aleta; nada especial para Starbuck. ¿Qué otra cosa es? La mejor lanza de Nantucket ciertamente no se echará atrás, entonces, ante esta concreta humilde cacerÃa, siendo que todos los tripulantes de a pie han agarrado una piedra de afilar. ¡Ah! Las compulsiones se apoderan de vos; ¡ya veo! ¡La ola os eleva! ¡Hablad! ¡Pero hablad!… ¡SÃ, sÃ! Vuestro silencio, entonces; eso os expresa. (Aparte.) Algo salió disparado de mis dilatadas aletas nasales; él en sus pulmones lo ha inhalado. Ahora Starbuck es mÃo; no puede oponérseme ya sin rebelión.