Moby Dick
Moby Dick »Habían pasado uno o dos días a lo sumo desde que orientara la proa hacia su isla de abrigo, cuando la vía de agua del Town-Ho pareció aumentar de nuevo, aunque sólo lo suficiente para requerir cada día una hora o algo más en las bombas. Habéis de saber que en un océano colonizado y civilizado como es nuestro Atlántico, algunos patrones no dan importancia a cruzarlo de un lado a otro bombeando constantemente; aunque, si el oficial de guardia resulta olvidar su deber a ese respecto, lo probable sería que él y sus compañeros de dotación nunca más recordaran una plácida y somnolienta noche, por estar toda la tripulación posándose plácidamente en el fondo. Tampoco en los solitarios y salvajes mares alejados al oeste de vosotros, caballeros, es del todo inusitado que los barcos sigan haciendo sonar las palancas de sus bombas a todo volumen, incluso para un viaje de considerable longitud; esto es, si se mantienen en paralelo a una costa tolerablemente accesible, o si algún otro refugio razonable está a su alcance. Sólo cuando un navío con una vía de agua abierta está en una zona de esas aguas muy apartada, una latitud verdaderamente carente de tierra, comienza su capitán a sentirse algo inquieto.