Moby Dick
Moby Dick »Ahora, como bien sabéis, no es raro el caso en este tópico mundo nuestro… ya sea el acuático o el otro, que cuando una persona situada al mando de congéneres suyos encuentra a uno de ellos que es muy significativamente su superior en la dignidad general del ser humano, conciba directamente contra ese hombre una irreprimible aversión y desabrimiento; y si tiene la oportunidad, derribará y pulverizará la torre de ese subalterno, y la convertirá en un montoncito de polvo. Sea como fuere esta idea mía, caballeros, Steelkilt era en todo caso un alto y noble animal, con una cabeza como la de un romano, y una profusa barba dorada, como los jireles del corcel de vuestro último virrey; y un cerebro, y un corazón, y un alma en él, caballeros, que habrían hecho de Steelkilt Carlomagno si hubiera nacido del padre de Carlomagno. Sin embargo, Radney, el primer oficial, era feo como una mula; pero también igual de robusto, de tozudo y de malicioso. Steelkilt no le gustaba, y Steelkilt lo sabía.
»Observando al oficial acercarse mientras se afanaba en la bomba con el resto, el lagonero aparentó no fijarse en él, pero continuó con sus alegres chanzas, sin amedrentarse.